Un lobo herido es capaz de perderse entre la obscuridad por su angustia y el malestar que lo ha vuelto vulnerable. Aunque en su naturaleza sigue siendo salvaje, atrevido y dominante, tiene el corazón partido en dos.

Ha andando por largos senderos, por noches frías y días calurosos, se siente solo y triste entre el escaso cielo cubierto de estrellas, y se ha resignado a ver pasar presa tras presa, sin hacer el más mínimo esfuerzo por atacar.

El lobo, aunque ya no es un cachorro, sigue siendo joven, con músculos fuertes y con la habilidad de correr por cientos de kilómetros, pero se ha quedado quieto bajo un árbol, que le da sombra y calor.

El tiempo ha pasado y el solo mira sin ninguna intención de hacer nada.

El lobo, se ha rendido, se ha dejado caer en las sombras del cielo, y en la luz de las estrellas. A lo lejos mira un ciervo, una comida que quizá podría ayudarle. El ciervo le hace frente y le rodea. El lobo lo mira con sus ojos, no pasa nada. El tiempo transcurre y con él, el lobo desaparece.

Written by Jess
Me encanta escribir, amo los libros, especialmente la literatura clásica, me encanta la fotografía y disfruto mucho escribir un montón de cosas producto de la imaginación.

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